Una vez más ese fuego
dentro de mí. De pronto mi sangre se ha convertido en gasolina y sólo
quiero hacerme estallar por los aires. Otra vez mi mirada se ha
posado sobre la tuya y, como si mi cuerpo fuese demasiado inflamable
para soportarlo, el humo ya comienza a asomarse por los talones.

Puedo salir corriendo y mantenerme a salvo o acercarme a ti y dejar que todo arda hasta que sólo queden las cenizas de aquello que un día fue. Salvarse y vivir muriendo o acercarse unos metros más y morir llena de vida. Complicado.
Mientras tus ojos siguen
clavados en los míos y no puedo pensar con claridad. En este preciso
instante, no. Mis pies han comenzado a moverse y la decisión ya
está tomada. Ya sólo puedo sentir cómo el calor va subiendo por mi
cuerpo.
No hay marcha atrás.
Bon voyage!